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FORMAS DEL CUERPO: ANATOMÍA. ANATOMÍA DE LA IGUANA. Iguana es un género de lagarto de la familia Iguanidae nativo de zonas tropicales de centro y Sudamérica y el Caribe, que fue descrito por primera vez por el naturista austríaco Josephus Nicolaus Laurenti en su libro Specimen Medicum, Exhibens Synopsin Reptilium Emendatam cum Experimentis circa Venena en 1768. El género iguana incluye a dos especies, Iguana iguana e Iguana delicatissima.

LA IGUANA






Nombre Científico : Conolophus subcristatus

Subfamilia : Iguaninos (Iguaninae)

Familia : Iguánidos

Suborden : Saurios

Orde : Escamosos

Clase : Reptiles

Identificación : Grandes dimensiones y formas robustas, con una cresta de puntas gruesas y largas en la nuca, más cortas y finas en el dorso.

Tamaño : 1,5 m.

Peso : Los machos son entre 2 y 3 veces mayores que las hembras; peso muy variable según las islas: en la isla Fernandina, los machos pesan como media 7 kg y en la Seymour, 12,2 kg (valor máximo).

Distribución : Islas Fernandina, Isabela, Santiago (San Salvador), Seymour y Plazas.

Hábitatm : Zonas áridas del interior de las islas Galápagos.

Alimentación : Exclusivamente vegetariana.

Reproducción : Ovípara como todos los iguaninos; es el único reptil que combina la acumulación de esperma con la inseminación múltiple.




Con su aspecto prehistórico y sus respetables dimensiones, las iguanas parecen surgidas de un mundo perdido en el que los reptiles dominaban la tierra, los mares y los cielos. Especialmente diversificados en México, los iguaninos cuentan en este territorio con especies tan peculiares y atípicas como algunas iguanas espinosas y los chucualas insulares. En muchas islas antillanas se encuentran asimismo especies que destacan por su gran tamaño y su acusado endemismo, pero ningún otro lugar del planeta como el archipiélago de las Galápagos cuenta con una iguana que es el único saurio realmente marino del mundo y con otras dos especies endémicas que son su perfecto contrapunto en tierra.




ORIGEN Y EVOLUCION



Diápsidos



Hace cerca de 300 millones de años, y por lo tanto 40 millones de años después de la aparición de los primeros reptiles conocidos, surgió un segundo grupo reptiliano que tenia dos aberturas temporales a cada lado de la cabeza (o una sola superior). Eran los diápsidos y con ellos se iniciaba, en el Carbonífero superior, el linaje que habría de incluir a la mayoría de los reptiles extinguidos, así como a todas las formas actuales a excepción de las tortugas: escamosos, rincocéfaos y crocodilios



Saurios




Entre 30 y 50 millones de años después, en el Pérmico, los diápsidos se escindieron en dos ramas principales: los arcosauriomorfos, que conducirían luego a los actuales cocodrilos, a los extinguidos dinosaurios y a la aves; y los lepidosauriomorfos, que pronto die4ron lugar a los primeros rincocéfalos (o antecesores de las tuátaras) y –unos “pocos” millones de años más tarde- a los primeros saurios, inaugurando así el linaje de los escamosos. Aunque los fósiles más antiguos encontrados hasta la fecha pertenecen al Jurásico superior, es probable que los saurios hicieran su aparición durante el Triásico (entre 245 y 200 millones de años atrás) y es muy posible también que Prolacerta, un animal del que se han descubierto fósiles en yacimientos antárticos de este período, fuera no de estos primeros escamoso.



Iguanianos




Los primeros fósiles de lagartos que podemos clasificar en las familias actuales corresponden al Cretácico superior (hace entre 100 y 65 millones de años). Sin embargo, la presencia de fósiles del Jurásico (entre 200 y 145 millones de años atrás) muy similares a los de los grupos actuales parece indicar que muchos de los esquemas corporales típicos de las familias actuales ya existían hace unos 20 millones de años. Aunque los fósiles más antiguos de iguanianos que se conocen se remontan al Cretácico superior, varios autores creen probable que este linaje que en la actualidad incluye a iguánidos; agámidos y camaleónidos .es decir, de todos los demás grupos de escamosos- hace más de 150 millones de años.



Iguánidos



Si la incertidumbre todavía envuelve los inicios del linaje de los iguanianos, el origen de la familia de los iguánidos todavía es más confuso. Los datos más recientes, en todo caso, indican que este grupo cuyos orígenes han sido tradicionalmente adscritos al continente americano, no tuvo un ancestro único. Según estas informaciones, el grupo de los iguánidos se compondría de oco estirpes principales, no necesariamente más relacionadas entre sí que los agámidos y los camaleónidos. Abundando en la hipótesis de que estas ocho estirpes sólo muestran un parentesco lejano, algunos autores prefieren darle rango de familias en lugar de meras subfamilias. Una de ellas sería la de los iguaninos (Iguaninae), estirpe que no debe confundirse con el linaje de los iguanianos y que suele considerarse como la más primitiva de las que conforman los iguánidos.




TODAS LAS IGUANAS



Los iguánidos cuentan con más de 850 especies que se clasifican en 54 géneros. Si a esta profusión se añade la opinión, compartida por varios autores, de que sus distintas subfamilias deberían tener rango de familia, resalta justificado considerar que las únicas iguanas “verdaderas” son las que pertenecen al grupo de los iguaninos (Iguaninae). Este grupo cuenta con 33 especies, repartidas en los ocho géneros siguientes.




GÉNERO AMBLYRHYNCHUS



Cuenta con una sola especie, la iguana marina (A cristatus). Es el único saurio marino del mundo y sólo se encuentra en las islas Galápagos, donde suele vivir en costas rocosas. Alcanza 1,75 m de longitud y hasta 4 kg de peso, presentando varias adaptaciones fisiológicas a la vida marina, como unas glándulas nasales que eliminan el exceso de sal. Se alimenta de algas y nada con gran facilidad gracias a su cola comprimida lateralmente (la cual actúa como órgano propulsor). Mucho menos territorial que las iguanas terrestres del mismo archipiélago, forma inmensas agrupaciones cuando toma el sol cerca del agua.




GÉNERO IGUANA



Comprende dos especies, la iguana común o verde (I. Iguana) y la iguana de cuello desnudo (I. Delicatissima). La primera está ampliamente distribuida por la América tropical y subtropical, donde ocupa hábitats arbolados muy diversos; alcanza más de 2 m de longitud (incluida la cola de 1,5 m), tiene una gran cresta dorsal (hasta casi 10 cm de altura) y puede superar los 5 kg de peso. La segunda sólo es algo menor, tiene la cresta más pequeña y vive en las Antillas meridionales, donde ocupa selvas tanto secas como lluviosas; en algunas islas, como la Terre de Haut (Islas Saintes) y la Grande-Terre de Guadalupe, compite con la iguana común.




GÉNERO CYCLURA



Comprende ocho especies, sin contar con las tres que ya han desaparecido. Son todas terrestres, propias de hábitats secos o más bien secos y se distribuyen por las Bahamas y las Antillas. La más conocida es la iguana rinoceronte (C. cornuta), endémica de la isla de La Española (Haití y República Dominicana). Es una especie de gran tamaño, pero no alcanza la talla de la iguana de Cuba (C. nubila), cuyos machos adultos pueden alcanzar los 1.85 m de longitud.


La iguana terrestre de las Caicos (C. carinata) vive en las Turk y Caicos y en las Bahamas más meridionales; es relativamente pequeña (60 cm y 600 g los machos 50 cm y 425 g las hembras) y, pese a ser preferentemente vegetariana, también consumo termitas. La amenazadísima iguana de Jamaica (C. collei) sólo vive en las islas Goat y Little Goat, si bien es posible que todavía se encuentre en las colinas Hellshire de la propia Jamaica. Otras especies muy amenazadas son la iguana terrestre de Anegada (C. pinguis), que vive en la isla homónima (cercana a Puerto Rico), y la de Ricordi (C. ricordii), que sólo se encuentra en tres localidades aisladas de la República Dominicana




GÉNERO SAUROMALUS



Cuenta con seis especies que se caracterizan por su cuerpo aplanado y ancho, y su piel de escamas rugosas. Una de ellas, el chucuala norteño (S. obesus), vive en zonas áridas y rocosas del sudoeste de Estados Unidos y noreste de México; no supera los 42 cm de longitud. A excepción de S. australis, que vive en el sudeste de Baja California, los otros chucualas son endemismos insulares del golfo de California, donde no existe más de una especie en cada isla; dos de estos chucualas endémicos y alopátricos, S. hipidus y S. varius, presentan un acusado gigantismo.




GÉNERO DIPSOSAURUS



Incluye una sola especie, la iguana del desierto (D. dorsalis), que vive en las zonas desérticas del sudoeste de Estados Unidos y del noroeste de México. Es más bien pequeña (25,4-40,6 cm), de coloración gris con un intrincado dibujo pardo y gris más claro, y presenta una pequeña cresta longitudinal de escamas en forma de quilla.




GÉNERO CONOLOPHUS



Además de la iguana terrestre de las Galápagos (C. subcristatus), comprende la iguana terrestre de Santa Fe (C. pallidus). Ésta se encuentra únicamente en esta isla de las Galápagos, donde no vive su congénere C. subcristatus, y se alimenta de hojas y flores de arbustos.




GÉNERO BRACHYLOPHUS



Cuenta con tres especies, B. fasciatus, B. vitiensis y B. brevicephalus. La primera, que muestra una vistosa coloración a franjas verdes y negras sobre un fondo blanco, se encuentra en las islas polinésicas de Fidji, Tonga y Wallis. La segunda tiene una cresta más desarrollada que la primera, es de mayor tamaño, tiene unas franjas más difusas, vive únicamente en las Fidji y está seriamente amenazada de extinción, la tercera únicamente vive en Tonga y sólo ha sido reconocida como especie en fechas recientes.




GÉNERO CTENOSAURA



Las diez especies de este género viven sobre todo en zonas áridas y su distribución se extiende desde la Baja California hasta América Central, incluidas algunas pequeñas islas del Pacífico y del Caribe cercanas a las costas; además, una de estas especies, C. Pectinata, nativa de México, ha sido introducida en el sur de Texas y Florida. Las especies de este género son de coloración oscura y algunas son de gran tamaño (hasta 1,3 m).




MEDIO NATURAL



Distribución


La inmensa mayoría de los iguánidos se halla distribuida por América, desde el sur de Canadá hasta Argentina, incluidas las Galápagos y las islas del Caribe. Cinco especies viven en las Fidji y las Tonga, y otras siete habitan en Madagascar, donde están ausentes los agámidos que pueblan gran parte del Viejo Mundo. Al contrario que las dos iguanas verdaderas de Oceanía, los iguánidos malgaches pertenecen a una subfamilia – la Oplurinae- que sólo muestra un parentesco lejano con las grandes iguanas. A excepción de las tres especies de Fidji, Wallis y Tonga (género Brachylophus), todos los iguaninos son americanos y su distribución abarca desde el sudoeste de Estados Unidos hasta el trópico de Capricornio.


En esta área de distribución nunca hay más de tres especies viviendo simultáneamente en una misma zona, siendo más frecuente que coexistan dos o que sólo exista una, como sucede con los chucualas insu7lares del golfo de California. Cuando coexisten dos especies de tamaño similar, éstas suelen diferir en sus preferencias ambientales, siendo frecuente que una de ellas viva en los biotopos más húmedos y la otra en los más secos (la Galápagos constituyen un caso especial porque una de las especies vive en la costa y se alimenta en el mar, y las otras dos viven en hábitats secos del interior sin coincidir en su distribución).



Hábitats y adaptación



Aunque la mayoría de los iguaninos vive en hábitats secos, existen algunas excepciones. Las iguanas de Fidji y Tonga, por ejemplo, viven en selvas húmedas, y también la iguana común (Iguana iguana) y la de cuello desnudo (I. Delicatissima) se adentran en este tipo de ambientes, aunque frecuentan sus linderos. En todo caso, el acceso a la luz solar directa en esencial para las iguanas y éste suele ser más fácil en hábitats secos y abiertos. Estos animales ectotérmicos (de “sangre fría”) y estrictamente diurnos regulan su temperatura desplazándose hacia una zona expuesta al sol o, inversamente, refugiándose de la luz directa cuando su temperatura corporal aumenta demasiado.


La duración de estos períodos viene controlada hormonalmente por la glándula pineal, una estructura del cerebro que recibe a veces el nombre de “tercer ojo”.
Cuando la temperatura del cuerpo de la iguana llega a su óptimo térmico, sus sensores térmicos le inducen a buscar refugio en la sombra o en un ambiente más frío. Este óptimo puede ser tan alto como 45ºC o incluso superior y estar extremadamente próximo del valor límite, más allá del cual se produce l muerte. La importancia de la termorregulación es bien patente en la iguana marina, una especie que vive en un medio ecuatorial árido, pero que busca su alimento en las frías aguas de la corriente de Humboldt.


Puede permanecer hasta media hora sumergida y disminuir a la mitad su ritmo cardíaco (lo que limita la circulación y las pérdidas térmicas); cuando sale del agua recupera el ritmo respiratorio normal y entre en calor al exponer su cuerpo oscuro al sol tropical y apoyar su parte inferior en las rocas caldeadas por el sol. Por lo que respecta a la regulación térmica puede decirse, por lo tanto, que la iguana marina dispone de lo mejor de ambos mundos: un medio marino frío en el que su temperatura corporal puede alejarse al instante del peligroso máximo tolerable y un medio terrestre que le permite calentarse con rapidez hasta alcanzar la temperatura requerid para iniciar la digestión.


En cambio, las iguanas terrestres de las Galápagos, como la mayoría de los iguaninos, no pueden refrescare en el mar y se ven obligadas a buscar la sombra bajo los arbustos, en madrigueras excavadas en el suelo o en oquedades y grietas rocosa.



Estado de las poblaciones



Los iguaninos más amenazados son las iguanas terrestres de Jamaica, Ricordi, Anegada y Grand Cayman, y en menor grado la iguana crestada de Fidji. Las principales amenazas son la destrucción de su hábitat por el hombre y el ganado, la depredación ejercida por los animales asilvestrados (como gatos y cerdos) y la caza furtiva. Más halagüeña es la situación de las iguanas de las Galápagos que, contrariamente a las especies antillanas, viven en un archipiélago muy protegido por su carácter emblemático de “laboratorio2 de la evolución. Aunque muchas de sus poblaciones también se extinguieron debido a la depredación ejercida por animales domésticos asilvestrados, la iguana terrestre C. Subcristatus todavía mantiene una población importante y relativamente inalterada en la isla de Fernandina, además de otras algo más precarias en la Isabel y la Plaza del Sur; por desgracia, no puede decirse lo mismo de la población excesivamente reducida de la isla Seymour, ni menos aún de la de Santa Cruz, que se acerca peligrosamente a la extinción.


La iguana marina todavía mantiene poblaciones abundantes en Fernandina y Santa Fe y tampoco está amenazada como especie; sin embargo, el acusado endemismo de sus subespecies las hace esencialmente vulnerables a cualquier perturbación externa.
Otros iguaninos se encuentran en una situación vulnerable o se han vuelto excesivamente raros, entre ellos la iguana terrestre de Andros (C. cyclura), la de Turk y Caicos y sobre todo la de Cuba. Incluso la iguana común ha desaparecido o se ha vuelto rara en muchas regiones donde antes era abundante, debido a la caza excesiva de la que ha sido objeto por su carne y por sus huevos comestibles. Muy apreciada como animal de terrario, esta especie es también objeto de un abusivo tráfico pese a que u comercio está regulado por la Convención Internacional sobre Tráfico de Especies (CITES).




ANATOMÍA DE LA IGUANA TERRESTRE DE LAS GALÁPAGOS



La iguana descrita por Darwin



Además de tener como todos los iguánidos, los dientes insertados en la parte posterior de la mandíbula, esta iguana es de grandes dimensiones y de formas muy robustas, con la cola gruesa y de sección redondeada. Darwin la describió como un gran lagarto herbívoro de color pardoamarillento.



BOCA

Las mandíbulas son potentes y recubiertas externamente con escamas gruesas y duras, que permiten alimentarse de vegetales coriáceos o incluso espinosos. A diferencia de los agámidos y los camaleones, sus dientes, desprovistos de alvéolos, se insertan en el lado interior de las mandíbulas. Este rasgo diferencia a esta iguana, así como a otros iguánidos, de los iguanianos de las familias africanas y euroasiáticas –agámidos y camaleones-. La lengua, por su parte, es gruesa, carnosa y en forma de gota.



ESCAMAS Y PIEL

De origen epidérmico, las escamas se forman en la capa externa de la piel, crecen hacia arriba y hacia atrás y adquieren posteriormente la capa de queratina que les da su consistencia córnea. Renovadas a intervalos periódicos, las nuevas escamas se forman debajo de las antiguas, que caen durante la muda. En algunas zonas, como la cabeza y la línea media del dorso, la piel está todavía más engrosada y forma tubérculos y crestas. Las escamas están dispuestas sobre una base continua, impermeabilizando totalmente la piel. Protegida por este tegumento desde que sale del huevo, la iguana terrestre de las Galápagos puede vivir sin deshidratarse sobre sustratos tan áridos como las cenizas y las coladas de lava que tapizan estas islas volcánicas.



COLA

Debido a la adquisición de otros medios de defensa, la cola ha perdido por completo la autonomía o facilidad de romperse por sí sola. Si la reducción de la autonomía ya se observa en los chucualas gigantes de las islas del golfo de California, donde existen pocos animales que depreden a estos iguaninos, la presencia de un número todavía menor de depredadores en las islas Galápagos ha acentuado esta reducción hasta el punto de que resulta imposible arrancarles la cola a estas iguanas terrestres. Al diminuir esta presión evolutiva, la presión que favorece la regeneración ha disminuido en consecuencia, como bien indica el hecho que de los 200 individuos con la cola incompleta estudiados por Dagmar Werner, tan sólo dos mostraban cierta regeneración de su apéndice caudal.
Prácticamente desprovista de autonomía, es decir, no se rompe por sí misma y sólo se regenera parcialmente en algunos casos.



OJOS

Pupila redonda, como corresponde a un reptil diurno; l igual que en la mayoría de los saurios, los párpados están bien desarrollados.



OIDO

Exteriormente es una superficie redondeada y de piel desnuda, situad justo detrás de las comisuras bucales; al contrario que los ofidios y como la mayoría de los saurios; la iguana terrestre de las Galápagos tiene un órgano auditivo completo.



CRESTA DORSAL

Erizada de escamas en forma de pinchos, gruesas y largas en la nuca, más cortas y finas en el dorso y en la cola.



PATAS


Fuertes y bien desarrolladas como en todos los iguanianos (iguánidos, agámidos y camaleónidos), ambos pares con cinco dedos libres.




ESTRUCTURA SOCIAL



La fase reproductora



En la estructura social de la iguana terrestre de las Galápagos existen dos fases muy diferenciadas: la reproductora, que tiene lugar durante la estación cálida, y la no reproductora, que coincide con la estación fría. Durante la fase reproductora ambos sexos son muy activos, se buscan unos a otros y permanecen juntos, aunque generalmente separados por una distancia crítica, y utilizan hábitats distintos a los frecuentados durante la fase no reproductora, cuando los individuos se mantienen separados por grandes distancias. Durante la fase reproductora, los machos emplean distintas estrategias para obtener a las hembras.


Si son territoriales (machos T), realizan un elaborado cortejo; si no lo son (machos N), las consiguen imponiéndose a las hembras; y si son potencialmente territoriales (machos P) adoptarán una u otra estrategia según consigan o no adquirir un nuevo territorio. Las diferencias individuales en el comportamiento se reflejan en una gran flexibilidad en el caso de los machos, que cambian rápidamente de una estrategia a otra si con la primera no consiguen atraer a las hembras. Las hembras, por su parte, son más sutiles en la expresión de su comportamiento y pese haberla estudiado durante tres años, Dagmar Werner no logró descubrir si utilizaban o no estrategias concretas. Lo que sí pudo observar es que, por lo general, las hembras escogen a los machos.


Tres meses antes de aparearse, toda la población adulta de Fernandina –la isla cuya población de iguanas terrestres fue estudiada por la herpetóloga alemana- empieza a concentrarse en unas áreas concretas que ofrecen una serie de condiciones ecológicas, indispensables para el apareamiento, como un suministro alimenticio adecuado para las hembras –los machos, que han engordado mucho durante la estación no reproductor, en la que han sido siempre los primeros en servirse, ahora apenas se alimentan- y una consistencia del suelo adecuada para la construcción de madrigueras. Estas condiciones sólo se encuentran en el 3% de la superficie de la isla, y de ahí que se produzcan tales concentraciones. A mediados de abril, cuando han llegado casi todas las hembras, los machos defienden territorios estrechamente contiguos y las peleas aumentan en frecuencia.



Apareamientos y territorialidad




Ésta es una especie poligínica y, mientras las hembras invierten su energía en la producción de un elevado número de óvulos, los machos concentran sus esfuerzo en congregar en su territorio y fertilizar el mayor número de hembras posible (sin embargo, ningún macho puede congregar más de siete hembras en su territorio ni tampoco aparearse con más de siete hembras en su territorio ni tampoco aparearse con más de cuatro en toda la estación). Por lo demás, es más fácil perder un territorio con un gran número de hembras que uno con menos hembras cuyos límites son más fácilmente accesibles.


En todo caso, tan importante como el territorio y su defensa es el comportamiento de cortejo, ya que las hembras se muestran mucho más atraídas por los machos que demuestran su excelencia en esta conducta. Iniciado ya a mediados de marzo, este comportamiento se intensifica a medida que se acerca el punto álgido de las cópulas, a mediados de mayo. A principios de junio, la mayoría de las hembra, ya fecundadas, abandonan las áreas de apareamiento para poner sus huevos en otros lugares, entre ellos el fondo del cráter del volcán. De las puestas, que en Fernandina cuentan entre 7 y 23 huevos, saldrán unos machos que alcanzarán la talla adulta a los 7-10 años y unas hembras que la adquirirán a los 11-16.



Nace una iguana común




Aunque la iguana común es esencialmente arbórea, pone los huevos en el suelo como sus parientes próximos, las iguanas terrestres de las Galápagos. A diferencia del huevo de los anfibios, el de las iguanas está provisto de una cáscara y de tres membranas que protegen al embrión colaboran en su metabolismo. Propio de los reptiles y e los anfibios, este huevo amniótico evita la deshidratación del embrión y permite su desarrollo en medios relativamente secos.




LA FAUNA DE LAS GALÁPAGOS



Tortugas gigantes y reptiles



Más aún que las iguanas, el reptil que caracteriza a estas islas (hasta el punto de haberles dado su nombre) es la tortuga gigante de las Galápagos (Chelonoidis elephantophus), uno de los dos testudínidos gigantes que han logrado sobrevivir hasta hoy –el otro es la tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys elephantina)-. Intensamente perseguidas entre los siglos XVI y XIX por la provisión de carne fresca que representaban para los barcos, ambas especies son hoy objeto e grandes esfuerzos de conservación. Además de la tortuga y las iguanas, existen en las Galápagos otras dieciocho especies de reptiles. A excepción de la tortuga verde y de un geco, todas ellas son endémicas del archipiélago y no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. Entre estas últimas figuran los pequeños lagartos de la lava (Tropidurus), un género de iguánidos no iguaninos que también está difundido por la Sudamérica continental.



Leones y osos marinos




Totalmente eclipsados por los reptiles, los mamíferos tienen escasos representantes en tierra firme y éstos son nocturnos, pequeños y difíciles de observar. No puede decirse lo mismo de los leones marinos (Zalophus californianus) que, descendientes de una población que llegó de Norteamérica en el pasado, se establecieron en las costas de estas islas y hoy abundan por doquier.
Por su parte, el oso marino de las Galápagos (Arctocephalus galapagoensis) elige siempre las costas más accidentadas, con cuevas y salientes de lava en los que puede refugiarse del sol. Menos corpulento que los demás otaríidos, este pinnípedo cuyo pelaje era muy apreciado en peletería se dio por extinguido a principios del siglo XX y no fue “redescubierto” hasta los años treinta. Protegido desde entonces, su población ha crecido de un modo imparable y en la actualidad sus efectivos se acercan a los 50.000 individuos.



Pingüinos y aves




Grandes consumidores de peces formadores de cardúmenes, los osos y leones marinos comparten este recurso alimenticio con el pingüino de las Galápago (Spheniscus mendiculus). Escasamente colonial, este pingüino, que es el más norteño del mundo, forma pequeños bandos y anida en cualquier época del año en huecos o en grietas de lava, a la sombra del sol ecuatorial. Otras aves que dependen de la abundancia de los peces son las siguientes: el pelícano alcatraz (Pelecanus occidentalis), un ave muy común en gran parte de América, pero cuya subespecie propia de estas islas sólo cuenta con unos pocos miles de parejas; el piquero camanay (Sula nebouxii), que es el único alcatraz con los pies azules y cuya subespecie local es mayor y más pálida que la nominal del resto del Pacífico americano; y el raro cormorán mancón (Phalacrocórax harrisi), una especie que, a diferencia de las anteriores, se nutre e pulpos, calamares y peces bentónicos; incapaz de volar, este último limita su distribución mundial a las islas Fernandina e Isabela.


Entre las aves que se alimentan en tierra firme, una de las más notables es el busardo de las Galápagos (Buteo galapagoensis). De dieta muy amplia por ser la única rapaz diurna de estas islas, se nutre sobre todo de roedores, tórtolas terrestres y lagartos de la lava. De entre los paseriformes, los más famosos son los pinzones de Darwin, así llamados porque la variedad de sus hábitos alimentarios y de las formas de sus picos dieron la pista de Darwin para su ida de la evolución.




UNA PUESTA DE ALTURA



A fines de mayo, cuando la estación cálida ya llega a su fin, las hembras de las iguanas terrestres que han quedado fecundadas empiezan a abandonar las áreas de apareamiento de Fernandina para iniciar el laborioso ascenso por las laderas del volcán. Mientras las hembras se alejan de las áreas de apareamiento, los machos, que ahora apenas muestran interés por defender sus territorios o por cortejar a las compañeras que todavía permanecen en la zona, empiezan a alimentarse cerca de sus madrigueras y a recuperar fuerza. Su actividad frenética de hace unos pocos días ha decaído por completo, situación que contrasta con la de las hembras, que ahora tienen que iniciar el largo y laborioso periplo que las llevará a los lejanos lugares de nidificación.


Muchas de estas hembras, y especialmente las que viven en el flanco occidental de Fernandina, no sólo tienen que sufrir hasta el borde del cráter sino que, además, habrán de descender luego hasta las profundidades del volcán. Incluso tienen que hacerlo las que se aparearon al pie del volcán, lo que significa que deberán recorrer, en total, una distancia de más de 154 km a vuelo de pájaro en el menor tiempo posible. La cumbre del cráter está situada a unos 1.500 m sobre el nivel del mar y para llegar hasta ella hacen falta varios días, quizá más de diez si las condiciones meteorológicas no son favorable.


Cerca del borde del cráter, el vapor de las fumarolas mantiene las ceniza del suelo húmedas y calientes, creando unas condiciones óptimas para anidar. Pero no todas las iguanas pueden hacer su puesta aquí. La mayoría deberá proseguir su periplo y dirigirse hacia el fondo del enorme cráter. El Fernandina es uno de los volcanes más activos del mundo y las repetidas erupciones causaron el desplomo de su parte superior, formando una inmensa caldera de 5 km de diámetro y 900 m de profundidad. En lo que parece un viaje suicida, las iguanas deben vencer este desnivel, y descender por unas paredes tan empinadas como inestables. La menor perturbación causa enormes desprendimientos de rocas y, con ellas, las inevitable muertes. Las que salen ilesas prosiguen y, finalmente, llegan al fondo de la caldera. Una vez allí, buscan las zonas donde el vapor del subsuelo caldea la gruesa capa de cenizas, manteniendo una temperatura constante de 30ºC justo debajo de su superficie.


Las hembras ponen allí finalmente sus huevos, pero sus tribulaciones no han terminado aún; ahora deberán escalar hasta la cima del volcán y recorrer luego la larga distancia que separa dicha cima de sus áreas de deambulación habituales. Ni siquiera el éxito en la puesta está asegurado, no siendo raro que las erupciones destruyan todos los huevos; menos asegurada aún está la vida de las vulnerables crías que, cuando eclosionen cien días más tarde, se encontrarán con un hueste de busardos ávidos de iniciar lo que para ello es el mauro festín del año.


Obtenido de http://riie.com.pe/?a=32016

04/05/2010 12:28 Autor: naturalezayvida. Enlace permanente. Tema: FORMAS DEL CUERPO.

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